Se desconecta la pulsera electrónica de vigilancia de la actriz Lindsay Lohan.
Lindsay Lohan está en arresto domiciliario por robar un collar por valor de 2.500 dólares el pasado mes de febrero. En la condena se le dio a elegir entre cuatro meses de cárcel o 35 días sin salir de su casa, y claro, prefirió lo segundo. La ley estipula claramente que Lohan, de 24 años, no puede pisar la calle ni para ir a trabajar. Las únicas formas de abandonar su casa son para acudir al médico o comparecer en los juzgados. Y para eso tiene que avisar antes. El no cumplimiento de estas normas la puede llevar directa a prisión.
Por supuesto tampoco puede manipular o desactivar la pulsera electrónica que lleva en el tobillo para asegurar que la actriz no sale de su casa. Lindsay permanece desde entonces en su hogar recibiendo visitas de familiares y amigos, leyendo guiones, hablando por teléfono y navegando por internet. Suponemos que viviendo en una casa como la suya, la condena no será precisamente una tortura.
El lunes pasado la pulsera se desactivó y las autoridades se presentaron en su casa pensando que no la encontrarían. Pero allí estaba ella, sentadita en su sofá leyendo posibles guiones para futuros proyectos.
Según el abogado de la actriz, Shawn Chapman Holley, el susto que Lindsay se llevó al ver a la policía en su casa fue importante. Pero todo se arreglo cambiando el dispositivo que le aleja-hasta nuevo aviso- de las bulliciosas calles de Los Ángeles. Y seguirá "encerrada" en su hogar.
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